Políticas explosivas

Por: Jorge Mújica Murias

Creo que ya estoy empezando a creer en la suerte. En la mala, para comenzar.


jorgemujicaLas explosiones que cobraron tres vidas y dejaron más de un centenar de heridos en Boston me hacen creer que hay una influencia maligna en algún lado que no está del lado de los inmigrantes. Sucedieron 24 horas antes de que la “Pandilla de los 8”, como se le conoce a los senadores Republicanos y Demócratas que trabajaron una iniciativa de ley pomposa y equivocadamente llamada “reforma migratoria”.


Es mala suerte, porque a pesar de estoy convencido de que ha de haber sido un terrorista de pura cepa gringa, estilo El Unabomber o Timothy McVaight, aquél que voló el edificio federal de Oklahoma, o algún miembro de la Asociación Nacional del Rifle deseoso de que no le vayan a limitar su “libertad” de cargar rifles de guerra en su camioneta, la culpa inmediata se buscó entre algún inmigrante.


De buenas a primeras, la primera víctima fue un Árabe Saudita, estudiante con visa y todo, vuelto “sospechoso” porque tenía “heridas distintas a las de los demás heridos”; después le tocó a dos pasajeros, árabes también, que ni se conocían pero que volaban juntos de Boston a Chicago, y fueron detenidos antes de que el avión despegara, por sospechosos nada más.


Luego vino Stephen King, Congresista Republicano de Iowa y anti-inmigrantista de profesión, declarando que “Si no somos capaces de de checar los antecedentes penales de quienes vienen de Arabia Saudita, ¿cómo esperamos hacerlo con 11 o 20 millones de personas que están aquí de quien-sabe-dónde?”.


Esa pura frase daría como un tratado sobre el racismo y la ignorancia combinados, pero el caso es que simplemente reflejó el ambiente: los inmigrantes siguen siendo peligrosos, y tienen muy mala suerte. Igual de mala que cuando, en 2001, cinco días después de que prácticamente se acordara un tratado migratorio entre George W. Bush y Vicente Fox, se cayeran las Torres Gemelas de Nueva York en un atentado terrorista.

Políticas Absurdas

¡Pero eso no es todo! Nuestra mala suerte es tan mala que ni siquiera necesitábamos el atentado de Boston para que la pretendida “reforma migratoria” fuera más una ley de seguridad nacional que de ajuste del estatus legal de los trabajadores internacionales.


Comienza con destinar 2 mil millones de dólares para un programa de protección fronteriza, sigue con contratar 3 mil 500 nuevos agentes para la patrulla fronteriza y remata con mil 500 millones más para completar la barda fronteriza “en donde sea más necesario” y el envío de la Guardia Nacional a la frontera nomás por no dejar. En algunos lugares, como en Tucson, Arizona, se pondrá lana extra para “aumentar los casos legales contra los cruces fronterizos, de 70 a 210 al día”.


Cuando la frontera esté “segura”, “por lo menos en un 90 por ciento”, a menos que los gobernadores fronterizos decidan que “todavía no está segura”, comenzará el proceso de registrar inmigrantes indocumentados para darles chance de dos permisos “temporales”, de seis y cuatro años, para que después de diez puedan pedir su residencia. En total, habrá que pagar como 3 mil dólares por piocha, no tener delitos mayores (y tener tres delitos menores contará como un delito mayor), y saber inglés, historia y civismo. De otra manera se rechazará la solicitud de legalización. ¡Ah!, y los delitos cometidos “fuera de Estados Unidos” también cuentan.


De pilón, para poder pedir la residencia al cabo de los 10 años, habrá que demostrar trabajo continuo, o se pierde el chance. Habrá que trabajar de lo que sea y al precio que sea para poder lograrlo, en estos tiempos de crisis económica.
Suponiendo que la tal reforma se apruebe este año, y que la frontera esté “segura” en otro año más (¡si, ya vas!) y luego tome entre seis meses y un año procesar las solicitudes, los hoy indocumentados podrán volverse residentes legales por allá del 2025, y ciudadanos digamos que para el 2028. Chance y les toque votar para el 2032. Si sigue la mala suerte con “fronteras inseguras”, para el 2036.


Los futuros inmigrantes, trabajadores “huéspedes”, tendrán chance de pedir residencia después de dos años de permiso temporal, pero nomás van a ser 25 mil el primer año, 50 mil el segundo y así, con un límite de 200 mil según en dónde se necesiten trabajadores. Pero la mayoría de esas visas irán a académicos y graduados con doctorados en diferentes ciencias.


En resumen, entre la mala suerte y las malas políticas, los inmigrantes estamos salados y peor, porque esa es la propuesta “buena”. La mala, o la corrección a la buena, será la que apruebe al final de cuentas la Cámara de Representantes, en manos de una mayoría Republicana.


O peleamos, o nos hacemos una limpia…